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Éste es el espacio on line- de la consultora especializada en desarrollo y aprendizaje organizacional, Náutica Coaching.

Cultivando un estilo creativo e innovador diseñamos dos líneas de entrenamiento Terra y Velas; ambas con eje en las necesidades estratégicas de cada organización.

Los invitamos a conocerlas recorriendo este blog.

Acerca del tiempo de un coaching

Existe una nueva manera de pensar las organizaciones. Esta forma es llamada Aprendizaje Organizacional y apunta al factor humano cómo capital esencial. El coaching en cuanto herramienta conversacional es el protagonista de esta alquimia capaz de conseguir una red de relaciones sana, sólida y efectiva que puede nombrarse a sí misma cómo organización  aprendiente, diestra en el logro de los resultados deseados tanto en los aspectos económicos  como humanos.

El siguiente artículo apunta a detener nuestra atención en algunos aspectos del proceso de coaching que podrían potenciar su efectividad.

Acerca del tiempo de un coaching

Si hablamos que un proceso de coaching tiene que ver con expandir nuestra capacidad de aprendizaje, y se sirve para ello de un logro en el cambio de observador del coachee, también tenemos que tener muy en cuenta el factor tiempo, en el cual va a desplegarse ese coaching.

A mi entender un proceso de esa naturaleza puede no ser algo especialmente breve, quiero decir con esto, que quizás tengamos que considerarlo en el contrato que hagamos con el coachee.

Existe un tiempo a respetar propio de cada persona e inclusive ajeno a las declaraciones del interesado. Ejemplo: – “Quiero cambiar esto lo mas rápido posible” o -”Es de suma urgencia que logre este cambio”.

Estas palabras surgen del desconocimiento de los propios procesos psíquicos, creo que es necesario entonces tener en cuenta esa cualidad de la mente humana, ese requerimiento del tiempo para el cambio que se inicia con la abolición de un juicio maestro y el consiguiente cambio de observador. El tema no es sencillo dado que un coach debe poder tener una clara distinción entre los tiempos ineludibles de un proceso de aprendizaje y el  de posponer acciones típico del coachee, que ya concluido su aprendizaje las detiene por falta de compromiso con su declaración de cambio.

Daré un ejemplo desde otro lugar: un niño de tres años por su maduración psicomotora bien puede caminar solo, ha experimentado un proceso de crecimiento, maduración y aprendizaje. Ese niño también puede decidir hacer uso de sus capacidades adquiridas o berrear en cualquier ocasión para lograr que sus padres lo sostengan en  brazos y así   ”ahorrarse” el compromiso de caminar y a veces: tropezar, caerse, pararse y seguir, en suma crecer…

Ese fino borde, esa distinción, que en la práctica es trabajosa y difícil de observar en la catarata del lenguaje, nos ayudaría a convivir con los tiempos del proceso y advertir a nuestro coachee sobre el asunto.

Quiero decir lo siguiente: es fundamental que el coachee pueda saber que existe “su” tiempo de aprendizaje, su proceso y que éste sea diferenciado por él del tiempito extra que se toma, cuando da vueltas por no hacerse cargo de sus declaraciones de cambio.

Ese tiempo extra es pródigo generalmente en juicios que sustentan la demora. Así cómo el proceso de aprendizaje puede, (como se dijo antes) desencadenarse con la ubicación y luego destitución de un juicio maestro en un espacio de tiempo para esto, en la práctica se puede ver que aunque ya la persona ha adquirido un “saber hacer” con el problema que ha traído, demostrando un cambio de observador claramente, no lo concreta, no lo ejecuta. No decide la acción.

Lic. Teresa Benedetti

Master en Coaching Organizacional – USAL -

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